¿Y ahora qué?
En enero y febrero quiero aflojar un poco y quedarme temporalmente entre 30 y 50 km semanales. En marzo y abril me gustaría acercarme a los 100 o 120 para intentar bajar de tres horas en un maratón en mayo. También me atrae la idea de correr en Pionyang. Sería una experiencia única.
El verano siguiente quiero probar, durante un periodo corto, el volumen de entrenamiento de Kipchoge. Solo para asomarme al mundo de los atletas de verdad. Sus ritmos están fuera de mi alcance; en eso no me engaño. Pero quizá pueda con el kilometraje. O quizá no: no lo sabré hasta probarlo. Seguramente no me ayude; puede que hasta me perjudique. Aun así, quiero arriesgarme. Me puede la curiosidad.
Después de Madrid, me gustaría correr un major. Sueño con Berlín. Creo que ya puedo aspirar a algunas marcas de acceso, aunque cada prueba tiene sus criterios y hay muchísima gente detrás de un dorsal. Donde toque sorteo, también hará falta suerte. Si no sale, buscaré otros maratones bonitos por Europa o Asia.
Sueño con pasar una temporada en un campamento de running en Iten, Kenia. Ya he estado en el país y no imagino un viaje de lujo. Me gustó muchísimo, y entrenar donde lo hacen tantos campeones tiene para mí una atracción casi magnética.
También espero contagiar a mis hijos y a los amigos que aún no corren.
Para terminar
No quiero cerrar el libro con una capa de azúcar: «Todo es posible si crees en ti». No, no todo lo es. Puedes esforzarte mucho, hacer las cosas bien y mejorar hasta encontrarte con un límite.
Influyen la edad, el sexo, el entorno, el acierto al elegir entrenador, el carácter, la educación y un montón de casualidades. Algunas cosas se pueden cambiar; otras, no. También está la genética. Los campeones tienen condiciones extraordinarias y, además, llegaron al deporte. Después entran en juego el trabajo y los factores que sí pueden modificar. No partimos todos del mismo sitio.
¡Pues vale! Este libro no es para campeones. Es para quienes disfrutan de las aventuras.
Correr es una aventura que le deseo a cualquiera. Permite explorar el mundo y explorarse a uno mismo. Sentirse dentro de la vida vale más que un récord de aficionado. Conocer gente vale más que otra medalla decorativa. Y la alegría de conseguir una meta ya es una recompensa suficiente.
Para despedir este año quiero volver a grabar un vídeo contando que he corrido todos los días. Seguiré soñando con maratones, ejercicios y lugares nuevos. Escucharé al cuerpo, otros libros y otra música. Admiraré a los que van más rápido que yo, que son muchos, y picaré un poco a los que van más despacio, que tampoco son pocos. Correr es un fin en sí mismo. Espero que me queden muchos años correlocos por delante.
FIN