P. D. Después del libro
Sobre salud y responsabilidad
Este libro no es un manual ni una guía médica. Son reflexiones, recuerdos, hipótesis y una interpretación personal de cosas que he leído o probado. No soy entrenador titulado ni tengo formación médica. No pretendo enseñar deporte con autoridad profesional. Tampoco quiero convertirme en entrenador.
Me gusta que la gente corra y me gusta escribir. He intentado compartir una experiencia, no prescribir la tuya. Léelo con ese espíritu. Lo que sí te recomiendo es acudir a una escuela de running, hablar con profesionales del entrenamiento y consultar con médicos que te conozcan y puedan orientarte de forma individual.
Me encantaría que este libro pasara de mano en mano. Que lo leyera mucha gente y que a algunos les diera el empujón para empezar. Para descubrir lugares, cosas y versiones nuevas de sí mismos. Si lo compartes en redes o se lo envías a un amigo, te lo agradeceré. Que crezca la comunidad.
El hashtag #run365challenge permite encontrarnos. Lo utiliza gente de muchos países. Da gusto descubrir a otros con la misma pequeña locura.
Cuando terminé el borrador, se lo envié a unos amigos. Empezaron a llegar mensajes: «¡Serás cabrón! ¡Por tu culpa llevo una semana saliendo a correr todos los días!». Fotos de cintas y parques, mapas, la alegría de los primeros diez kilómetros. ¡Eso era! Para eso había escrito. Esos mensajes me hacen feliz. El libro había conseguido algo: alguien estaba empezando su propio año de running.
Si no te ha gustado, lo siento. He puesto empeño y seguiré intentando mejorarlo, corregir errores y añadir capítulos. El formato digital permite publicar nuevas versiones.
Quiero que circule gratis. Si te apetece apoyar el proyecto con una aportación, ayudará a que siga creciendo.
Escribirlo fue más complicado de lo que esperaba. Un libro necesita varias horas diarias durante semanas o meses. Los anteriores los había escrito de noche, robándole tiempo al sueño. Con el running no podía hacerlo: si no descansaba, el cuerpo se declaraba en huelga. Así que pedí paciencia a mi familia y aparqué durante un tiempo el ajedrez, las reuniones sociales de trabajo y otras cosas. Fuera del trabajo, la prioridad fue el libro. Y correr, claro.
Aun así, espero que no haya quedado demasiado largo. Quería que pudiera leerse de un tirón, sin alargarlo durante semanas. Un texto ligero, sin demasiado peso de más. Espero que se note.
Hablemos de dinero
Una vez vi una entrevista a Steve Jobs y se me quedó grabada una idea. Tal como la recuerdo, no le gustaba vender a empresas cuando la decisión dependía de un comité de compras: había demasiada política interna y no siempre ganaba el mejor producto, sino quien mejor sabía moverse en aquel juego. Vender directamente a una persona le parecía más honesto. Aquí está el producto; tú decides, con tu propio dinero, si merece la pena.
Publicar un libro con una editorial tiene algo de eso. Primero tienes que convencer a un editor. Después vienen la impresión, la distribución y las librerías. Solo entonces el libro se encuentra con sus lectores. Si el editor y tú no os ponéis de acuerdo, ese encuentro no llega a producirse.
Yo quería que este libro lo leyera el mayor número posible de personas, no solo unos pocos miles dispuestos a jugársela por una sinopsis convincente y una portada bonita. Si les gustaba, recomendarían comprarlo a sus amigos. Si no, lamentarían haberse gastado el dinero.
Así que decidí darle la vuelta al asunto. Primero lees el libro gratis. Si te gusta, puedes pagar después, con una aportación voluntaria. Sin entrada de pago, sin apuestas a ciegas.
El sistema tiene otra ventaja. Seguro que has leído alguna reseña que dice: «Qué pena que no me puedan devolver el dinero». Pues si este libro no te gusta, tampoco te lo puedo devolver. ¡Pero es que no has pagado nada! Bastante justo, ¿no?
Si lo has disfrutado y te apetece ayudar a que el proyecto siga creciendo, tienes las opciones actuales en la página de apoyo. También puedes hacer tu aportación a través de Tribute: web.tribute.tg/d/S0f.
¿Cuánto aportar?
Lo que tú quieras, dentro de las opciones que ofrezca la página de pago. Piensa en una propina, en una forma de decir «gracias» o «bien hecho».
Puede ser lo que pagarías por un libro, por una sesión de entrenamiento o por un mes de gimnasio. O una aportación cada cierto tiempo, mientras entrenas, o al terminar tu año corredor. Quizá te apetezca celebrarlo cuando hayas perdido diez kilos o cuando por fin cumplas aquel sueño. ¿Cuánto vale eso para ti?
Tú decides. Y si lees el libro gratis y aun así te calzas las zapatillas y sales a correr, también me daré por satisfecho.
¿En qué se empleará el dinero?
La idea es dedicarlo a lo siguiente, según lo que permita el apoyo recibido:
- Pagar los impuestos que correspondan a las aportaciones.
- Trabajar con un editor literario para mejorar el libro.
- Grabar una versión en audio que puedas escuchar mientras corres o vas en coche.
- Mantener y mejorar la web, que ya está en marcha, y sus espacios de contacto con los lectores.
- Cuidar las ediciones en inglés y en español, que ya existen, y acercar el libro a lectores de otros idiomas.
- Si las aportaciones lo permiten, añadir capítulos y publicar nuevas versiones gratuitas para que puedas seguir pasándoselas a tus amigos.
¡Gracias y mucha suerte! Ahora eres tú quien vota por el libro. Me encantará saber si ha merecido la pena.
Mi lista de deseos corredores
Marca los retos que ya has cumplido →
Seguro que conoces las bucket lists: listas de cosas que uno quiere hacer antes de morirse. Escribir un libro, correr un maratón, bailar bajo la lluvia, enamorarse, montar un negocio, ver amanecer junto al océano. No me parecen una tontería. Casi todos tenemos una, aunque no la hayamos escrito. Ponerla sobre el papel convierte deseos vagos en el principio de un plan. Un sueño se escapa; un plan puede salir mal, pero también puede cumplirse. La lista es el primer paso.
Intenté hacer la mía y resultó más difícil de lo que pensaba. Al principio todo fluía. Hacia el punto treinta entendí que no quería redactar una lista de la compra ni un catálogo de destinos turísticos. Llegar a cien deseos de verdad exige escucharse. ¿Me importa esto? ¿Lo quiero de verdad?
Hace unos años la escribí y empecé a cumplirla. Ya había corrido un maratón, creado un negocio, formado una familia, tenido hijos y escrito libros, así que algunas casillas habituales estaban cubiertas. Otras me hicieron pensar. De aquella lista salió mi perro: llevaba años queriéndolo y aplazándolo. También la subida al Kilimanjaro, ocho años más tarde de lo que podría haber sido, y pedir cerveza en suajili en Zanzíbar. Este verano me llevó a Cercedilla y a correr por las montañas de Guadarrama para ganar fuerza durante la preparación. También aprendí a hacer una buena tortilla de patatas y unas cuantas cosas más. Casi todo llegó más tarde de lo previsto. ¡Pero lo hice!
No hace falta resolver de golpe la lista de toda una vida. Puedes empezar por una lista corredora: un poco de ambición, un poco de aventura y un poco de romanticismo.
Aquí van algunas ideas:
1. Correr mis primeros 10 km.
2. Preparar mi primera lista de música para correr.
3. Recorrer una ciudad vacía a las cinco o seis de la mañana.
4. Correr junto a un río.
5. Compartir una salida con un amigo o una amiga.
6. Entrenar con un club.
7. Estrenar mi primer dispositivo de running.
8. Correr por un paseo junto al agua.
9. Sumar mis primeros 100 km.
10. Entrenar tres veces en una semana.
11. Comprar mis primeras zapatillas específicas de running.
12. Salir del armario corredor: mi primera publicación en Instagram.
13. Completar 100 km en un mes.
14. Hacer dos sesiones en un día.
15. Conseguir mi primera medalla de finisher.
16. Terminar una media maratón.
17. Disfrutar de una salida entera bajo la lluvia.
18. Correr siete días seguidos.
19. Oír: «¿De dónde sacas tiempo para todo?».
20. Acumular mis primeros 1000 km.
21. Participar en una carrera nocturna.
22. Hacer mi primera tirada de más de 25 km.
23. Superar los 200 km en un mes.
24. Correr con un perro.
25. Seguir un blog de running.
26. Contagiar a alguien las ganas de correr.
27. Terminar mi primer maratón. ¡Ya soy maratoniano!
28. Correr hacia el océano o por una playa.
29. Llegar corriendo a un lugar que siempre he querido conocer.
30. Bajar de dos horas en media maratón.
31. Bajar de cuatro horas en maratón.
32. Hacerme mi primer tatuaje corredor.
33. Descubrirme dando consejos a alguien que empieza.
34. Completar 300 km en un mes.
35. Vivir mi primer año corredor: el reto de los 365 días.
36. Viajar a otra ciudad para competir.
37. Correr una prueba en otro país.
38. Sumar 80 km en una semana.
39. Llegar a 100 km semanales.
40. Notar un cambio importante en mi peso.
41. Despedirme de mis primeras zapatillas gastadas.
42. Hacer mi primera prueba de esfuerzo.
43. Correr entre dos continentes.
44. Conocer a un corredor al que admiro.
45. Conseguir una marca de clasificación para un major.
46. Participar en un major.
47. Bajar de tres horas en maratón.
48. Terminar una ultramaratón.
49. Participar en un triatlón o un Ironman.
50. Bajar de dos horas en la distancia del maratón. Uno ya lo hizo.
Correlocos
Haz el test: ¿eres un correloco? →
Los moteros y los fans del rock se tatúan por amor a lo suyo. Los corredores también. Después de mi primer maratón me tatué un ala al estilo de Hermes en el tobillo derecho, junto al número 42,2. Para recordar que mis pies son ligeros. En el izquierdo tengo otra y el 21,1, por aquello del equilibrio. Algunos amigos llevan los símbolos de sus carreras más importantes. Me gusta. Parece una promesa de amor para toda la vida.
Por internet circulan listas del tipo «Llevas demasiado tiempo viviendo en China si…» o «Diez señales de que trabajas en informática».
Pues aquí van veintiuna señales de que eres un correloco de verdad:
1. «Un rodaje suave de diez kilómetros» te parece una frase perfectamente lógica.
2. Tienes al menos un tatuaje relacionado con correr.
3. Tu pareja sabe quién es Eliud Kipchoge.
4. Sabes exactamente cómo se cae una uña del pie.
5. Te entra el pánico cuando descubres que hoy no hay hueco para salir.
6. Sueles ser quien tiene la cara más morena del grupo.
7. Podrías montar una exposición con tus fotos de pies y zapatillas.
8. Llegas a un lugar nuevo y lo primero que haces es imaginar una ruta.
9. Cada vez te cuesta más participar en las conversaciones sobre achaques de la gente de tu edad.
10. Haces una mueca cuando alguien llama «maratón» a un reto de Instagram.
11. Ya has esperado una cola interminable delante de un baño portátil.
12. Desde el coche detectas a cualquier corredor y sientes una punzada de envidia.
13. Te descubres a punto de proponer salir a correr como respuesta a casi cualquier problema.
14. Llevas el reloj deportivo con cualquier ropa y sin la menor vergüenza.
15. Entiendes «una media a 4:30 en zona verde» y por qué suena tan bien.
16. Con otro corredor en la mesa, la conversación está garantizada.
17. Tu tiempo ideal son diez grados y unas cuantas nubes.
18. Después de correr no sabes decir muy bien si fuera hace frío o calor.
19. Conoces tu pulso en reposo de la última semana.
20. Tienes rituales rarísimos antes de competir.
21. Lo primero que haces por la mañana es mirar las pulsaciones.